Es el único monje del que nos han quedado escritos realizados en la prisión, de gran valor, porque testifican su ideal martirial, su amor a Cristo, hecho vida entre los monjes. Hasta nosotros, han llegado varias cartas, fechadas el 9 de agosto de 1936, dirigidas a sus familiares, a sus profesores en Roma y a algunos monjes amigos, condiscípulos suyos en San Anselmo…
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