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Ficha

Nombre civil: Vicenta Jordá Martí.
Fecha de nacimiento: 6 de marzo de 1899.
Lugar de nacimiento: Zorita (Castellón).
Sexo: Mujer.
Fecha de martirio: 23/julio/1.936.
Lugar del asesinato: Bóvila Boada, Barcelona
ORDEN: Mínimas Descalzas de San Francisco de Paula.

El 19 de julio de 1936 la comunidad monástica del convento de Monjas Mínimas de Barcelona fue advertida de los acontecimientos que se estaban produciendo en la ciudad. Las religiosas se distribuyeron en varios grupos y salieron del monasterio. El grupo que se refugió en la llamada Torre Arnau fue descubierto el 23 de julio. Fueron llevadas en un camión a la Bóvila Boada, donde fueron maltratadas y asesinadas en la tarde-noche de aquel día.
Pertenece al grupo de las Beatas Mínimas de Barcelona.

 

Biografía extendida

Sor María de Jesús, nombre de bautismo: Vicenta Jordá y Martí, nació en Zorita, provincia de Castellón el 6 de marzo de 1899, en el seno de una familia de campesinos.
Abrazó la vida religiosa como monja Mínima a los 18 años de edad profesando en 1921 y emitiendo sus votos solemnes el 14 de diciembre de 1924, aunque los tuvo que repetir el 2 de abril de 1935 por defecto formal.
“Sobresalía de una manera especial en el recogimiento, siendo muy amante del silencio y vida interior. Su refugio era la oración. Manifestó que se había ofrecido totalmente al Señor” A su lado todos se encontraban a gusto. En la comunidad tenía fama de santidad»
Era el 19 de julio de 1936 cuando, a las 9 de la mañana, una mujer llegó corriendo al convento para avisar a las religiosas de que escaparan lo antes posible. Los responsables de la persecución anticatólica habían empezado a quemar iglesias en Barcelona y pronto habrían hecho lo mismo con la de ellas.
La madre superiora, que hasta ese momento y a pesar de la violencia no había querido abandonar el convento, dijo a las hermanas que se quitaran el hábito y se vistieran con indumentaria civil; después, las escondió en una torre cercana que pertenecía al propietario de ese terreno. Desde allí se trasladarían una a una para buscar lugares mejores donde refugiarse.

Algunas monjas se escondieron con la futura beata Lucrecia García Solanas, una viuda sin hijos, que estaba allí para ayudar tanto a su hermana, que era la madre superiora, como a las otras monjas. Lucrecia vivía con ellas desde hacía más de diez años en una casa fuera del convento, haciendo de mediadora entre el monasterio y el mundo exterior.
Las religiosas se escondieron en un sótano, donde el propietario del mismo guardaba sus herramientas de trabajo. Desde allí las mujeres podían oír el ruido de los milicianos del Frente Popular que, con la ayuda de perros, buscaban a sus víctimas.
Cuando tuvieron que abandonar el convento y refugiarse en otro lugar, parece que Sor María de Jesús refirió a la Madre Consuelo que tenía miedo de poner en peligro su virginidad, pero no del martirio. Pero después que su hermana en religión la animó, se puso en oración y, un momento después, le dijo: “He dado todo al Señor, que haga de mi lo que quiera; estoy completamente confiada en Dios”.
El 21 de julio un grupo armado entró en el monasterio, forzando la puerta con dinamita. Los “rojos” entraron en la iglesia adyacente, la profanaron y después la quemaron. Tras haber revisado el monasterio para saquearlo, los republicanos profanaron los cuerpos de dos hermanas enterradas algunos meses antes, dejándolos expuestos a la mofa pública.

El 22 de julio, el grupo de religiosas refugiadas aumentó porque algunas de ellas volvieron al no poder permanecer más en sus casas.
Al día siguiente, 23 de julio, el portero del convento, que conocía su escondite, las traicionó y la torre en la que se habían escondido fue asaltada por los milicianos. Nuestra beata se escondió en un lugar apartado para orar y cuando fue descubierta, se entregó voluntariamente. Era la más joven del grupo y de la autopsia del cadáver se supo que no había sido violada.
Los anticatólicos las encontraron en la torre rezando el rosario.
Preguntaron quién era la madre superiora para interrogarla sobre las riquezas que esperaban encontrar en el monasterio.
La madre abadesa ofreció su propia vida a cambio de la de sus hermanas. Dijo a los milicianos que Lucrecia era una laica, pero estos no la escucharon y quisieron saber dónde estaban las otras monjas. Las hallaron en el sótano, rezando de rodillas. Todas fueron arrestadas y empezó para ellas su calvario.
Los republicanos insultaron a las religiosas, les apretaron sus rosarios alrededor del cuello y burlándose de ellas las pusieron en fila para arrastrarlas por la calle. Sólo se salvó una de ellas, hermana de un famoso anarquista.
El final de las otras lo describió Amparo Bosch Vilanova, testigo ocular, que contó: “Las han puesto en fila, las han empujado a la calle donde había un camión donde las han echado como sacos de patatas, con una violencia tal que seguramente les han roto algún hueso”.
El camión se dirigió a San Andrés, donde las mujeres, después de haber sido sometidas a prolongadas torturas, fueron asesinadas. Algunos testigos dijeron que hacia las siete de la tarde de ese día se oyeron varios disparos. Los cuerpos de las monjas fueron hallados amontonados. En total eran diez, nueve religiosas y una laica. Tenían heridas de arma blanca en el pecho y las partes íntimas, con los vestidos arrancados y agujereados por armas de fuego.
Mientras eran torturadas por los “rojos” todas las monjas y con ellas Lucrecia, temieron más a la violación que a la muerte y en sus cuerpos se hallaron signos de una lucha terrible.
Una mujer refirió que los mismos republicanos se quedaron turbados de la valentía de esas mujeres; incluso comentaron en el bar, después de martirizarlas: «¡Qué monjas más valientes han muerto hoy!». Según otros testigos, las diez mártires habían entregado su vida rezando de rodillas y pidiendo perdón para sus verdugos.
Los cadáveres fueron recogidos por la Cruz Roja el 25 de julio y, antes de ser sepultados en fosa común, llevados al Hospital Clínico, conservándose fotografías identificativas y fichas médicas que dan cuenta de las mortales heridas que presentaban.

Fueron beatificadas el 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.
Sor María de Jesús fue martirizada a la edad de 37 años y 15 de vida religiosa.

LUGAR DONDE REPOSAN SUS RESTOS: Fosa común
FECHA DE BEATIFICACIÓN: Beatificadas el 13 de octubre de 2013 por el Cardenal Angelo Amato en nombre del Papa Francisco.
FECHA DE CANONIZACIÓN:
FIESTA CANÓNICA: 24 de julio.
FUENTES:
“Hermanas Mártires Mínimas de Barcelona” editado por Noticias Cristianas, Barcelona 2001.
“El Hábito y la Cruz. Religiosas asesinadas durante la guerra civil española 1936-1939” editorial Edibesa, Madrid 2006. Gregorio Rodríguez Hernández.
“Las Nueve Rosas de Sangre del Monasterio de Monjas Mínimas de Barcelona”, Antonio Sospedra Buyé. Editorial Contemplativas Mínimas. Barcelona 1989.